En un reciente episodio de la radio publica alemana en formato podcast se lanzaba la siguiente pregunta ¿Cuántos partidos políticos conoces que tengan el nombre de una persona en su denominación oficial? Claramente se trataba de una pregunta retórica, sin embargo, una mirada a la política latinoamericana permite ver que no es algo nuevo de este lado del atlántico. Al contrario, hemos tenido en el plano local el partido de la U, en alusión al apellido de un expresidente de Colombia. Luego vimos el nacimiento del partido centro democrático que en su imagen oficial utiliza el perfil del mismo político. En argentina se cuenta con el partido justicialista que entre 1947 y 1955 se denominó partido peronista. No es exagerado afirmar que en latinoamerica pululan los adjetivos creados a partir del apellido de este o aquel personaje de la política local. Se trata en definitiva de un viejo tópico de la política latinoamericana: el caudillo que reivindica un tipo de conexión especial con sus electores opuesto a las instituciones percibidas como ajenas, distantes o poco representativas. Llevando el argumento un poco más allá, se trata también de la oposición civilización o barbarie ubicada en la raíz de nuestras sociedades latinoamericanas. A pesar de su origen bastante preciso en términos históricos ubicado a principios del siglo XIX después de los procesos independentistas, el término se ha mantenido y su uso se ha extendido a cualquier tipo de liderazgo personalista y autoritario lo cual lo solapa con otros conceptos como el de liderazgo emotivo de Weber o incluso el polisémico populista utilizado de manera contemporánea para describir a figuras políticas de cualquier espectro político.
En el caso europeo, lo que ha mostrado el reciente proceso electoral celebrado en los países que integran la unión es una disolución de los partidos más tradicionales y la aparición de pequeñas agrupaciones con un fuerte énfasis en contenidos programáticos como la inflación, la reducción de la calidad de vida o la reducción de la inmigración. Existen precisiones necesarias, por supuesto, por ejemplo en Francia donde la desaparición de la escena nacional de los dos grandes partidos históricos, el partido socialista y el partido republicano anticipó por dos lustros lo que ya se da por hecho para el caso del Reino Unido donde se espera que el proceso electoral del 4 de julio traiga una enorme derrota de los conservadores, la formación de un nuevo gobierno laborista y, lo que es más significativo, el surgimiento de un tercer partido, Reform UK, del dirigente pro Brexit Nigel Farage, quien se ubica a la derecha de los tories. Alemania, por su parte, se aboca a un periodo electoral durante el segundo semestre del año en curso en los que los estados federales del este donde se prevén resultados positivos para los partidos de reciente creación Alternative Für Deutschland (ADF) y Bündnis Sarah Wagenknecht (BSW).
En respuesta a la pregunta inicial, podemos decir que sí, en latinoamérica conocemos muchos de esos partidos y probablemente en Europa empezarán a aparecer cada vez más y más como efecto de la reconfiguración de los sistemas políticos al nuevo escenario internacional.
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