El texto escrito por el Carlos Lehder presenta un estilo sencillo y directo que lo hace de fácil lectura. En sus poco más de 400 páginas se percibe la voz de un hombre arrepentido de sus acciones que, sin embargo, todavía ensaya argumentos para justificar sus acciones como en el caso de su oposición a la extradición a finales de la década de 1980 y principios de 1990. Además, insiste a lo largo del libro en un contraste con la figura de Pablo Escobar que le permite mostrar sus acciones como menos dañinas y sangrientas que las del capo antioqueño.
El libro se acomoda perfectamente en el amplio catálogo de memorabilia publicado al rededor del Cartel de Medellín. Por su estilo y argumento está dirigido a un amplio público que no juzga sino que apenas se fascina con la temeridad de las acciones desplegadas por personajes como Escobar, Lehder y otros. Sin embargo, el autor reviste unas características que lo hacen un tanto excéntrico en este paisaje. Lejos de ser un joven empobrecido residente en uno de los barrios populares de Medellín, Lehder es hijo de un arquitecto inmigrante alemán que estableció su oficina y familia en el eje cafetero. Luego del divorcio de sus padres, Lehder fue enviado a estudiar el bachillerato a Estados Unidos, una situación que lo ponía muy por encima de las aspiraciones de sus compañeros del Cartel de Medellín pues no sólo contaba con un pasaporte alemán sino que hablada inglés de manera fluida y comprendía el alemán. Fue allí, en New York, donde inició sus actividades en el crimen robando y revendiendo vehículos.
Desde este punto empieza el autor a marcar la diferencia con Escobar pues llama la atención sobre cómo su procedencia social le permitió desarrollar hábitos como la lectura, la escritura, el gusto por la música rock y la pintura que lo desmarcan de otras figuras del Cartel de Medellín. Lehder señala incluso que la única sustancia que consumió con regularidad fue la marihuana y que mientras estaba en sus actividades de coordinación logística del transporte de base de coca evitaba el alcohol.
El libro presenta además un tono general de arrepentimiento que, sin embargo, desluce un poco con el carácter de souvenir del Cartel de Medellín al que aspira al mismo tiempo. Prueba de ello es la portada ampliamente ilustrada con fotografías de la época que, además, se amplía en una sección ubicada en la mitad del libro a todo color y e papel fotográfico donde se presentan en detalle éstas y otras tantas imágenes derivadas del periodo de actividad criminal de Lehder.
Al final, no hay reflexión histórica que ponga en contexto sus acciones, sólo relatos de experiencias personales imposibles de verificar donde Lehder pretende mostrarse menos violento, menos sangriento y más humano que otros. Así, el libro constituye las memorias de un personaje con una vida vertiginosa y oportunista que ha tenido la ocasión de presentar en forma escrita su versión de los hechos mediante un lenguaje sencillo y sin pretensión de explicar nada, sólo de narrar episodios.
En ese ejercicio, el personaje da muestras de una religiosidad popular característica que lo lleva a enunciar cómo a lo largo de su vida fue acompañado por dos ángeles, uno bestia y otro bueno que lo han aconsejado en sus andanzas. El libro dedica más de 380 páginas a describir su vida hasta la edad de 37 años cuando fue extraditado. La segunda parte de su vida, en cambio, aunque se extiende por un periodo casi igual pero recluido en una cárcel norteamericana, es descrita en un abrir y cerrar de ojos. En línea con su talante espiritual, comparte con el lector el mantra que lo acompañó durante este difícil periodo de su vida "yo nací en esta prisión, yo crecí en esta prisión, este es todo mi mundo. Yo habito y viviré siempre en este planeta oscuro; seguiré perseverando".
Algunas preguntas interesantes que suscita la lectura del texto tienen que ver con el cambio social operado en la sociedad colombiana de la época y, de manera más puntual, las profundas modificaciones que trajo el periodo del narcotráfico en la escala social antioqueña. Como ésta, pueden ser enunciadas muchas otras en relación con temas como la vinculación del narcotráfico con diversos actores políticos, la penetración de las fuerzas armadas por los dineros del narcotráfico, la manera como las guerrillas comunistas aprendieron a operar el negocio en los llanos orientales y la presencia ambigua de agencias norteamericanas en el control de la actividades ilícitas. Todos estos asuntos resultan sugerentes pues el libro de una u otra relata episodios que guardan alguna relación con ellos, pero sin explicar nada. A Lehder sólo le interesa hacer una narración sin contraste de su punto de vista.

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